• Alexis Sazo

Solo y rechazado



He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. (Mateo 28:20)


Para varias personas, cuyo entorno no es cristiano, se crea un vacío alrededor de ellos cuando han aceptado a Cristo y han abierto su corazón al amor de Dios. Esta situación puede volverse trágica. A menudo esto ocurre en los países de régimen totalitario en el plano político o religioso. Cuando tales casos se presentan en el ámbito familiar, no es posible permanecer firme sin la fuerza espiritual de Dios.


Pensemos en el caso de José, quien fue rechazado por sus hermanos, vendido para ser esclavo y echado en la cárcel. Pero no perdió el ánimo y Dios lo ayudó maravillosamente. Pensemos también en el apóstol Pablo, quien dijo con tristeza: «En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león» (2 Timoteo 4:16–17). Incluso David dijo: «Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá» (Salmos 27:10).


Ahora, si se trata de una pareja en la cual solo uno de los cónyuges se ha convertido una vez casados, la Palabra de Dios alienta al que es creyente a no abandonar a su compañero, con la esperanza de que el testimonio dado por su conducta lo gane para Cristo (1 Corintios 7:12–14; 1 Pedro 3:1–2).


Sin embargo, el ejemplo perfecto lo tenemos en el Señor Jesús, quien fue rechazado por su propio pueblo: «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron» (Juan 1:11); asimismo fue abandonado por su familia: «Ni aun sus hermanos creían en él» (Juan 7:5). Y habiendo conocido estos sufrimientos, nuestro salvador nos puede comprender a cabalidad, pues puede simpatizar con los que padecen el aislamiento o son rechazados. Ya que incluso estando en la cruz fue abandonado y clamó:


Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Marcos 15:34)


En Jesús encontramos consuelo para todo tipo de rechazo. Así que, acudamos a Él cuando estemos en esas situaciones, ya que Él nos entiende a cabalidad.


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