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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Prepararse o disfrutar



Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. (2 Pedro 1:9–10)


Cuando se es niño, uno no quiere pensar en el futuro, sino solo disfrutar del presente. Por eso es que a veces no sirve de nada explicarle a un niño los beneficios a largo plazo de esforzarse por aprender a dividir o a tocar el piano. Muchas veces los padres deben tratar convencer a sus hijos acerca de esto, de prepararse para el futuro, pues sus mentes están centradas únicamente en disfrutar el presente.


Aunque esto no es exclusivo de los niños, ya que todos sentimos ese mismo deseo. Al igual que los niños que se complacen en un día de verano, nosotros preferiríamos pasar el tiempo disfrutando de la vida, relajados, recreándonos, y si tuviésemos trabajo, siempre soñamos con hacer algo que nos encante en lugar de hacer el arduo trabajo de prepararnos para el futuro.


Ahora, si hemos depositado nuestra fe en Cristo para que nos salve, tenemos la seguridad de un futuro con Él en el cielo. Entendido y visto desde un ángulo incorrecto nos podría conducir a la ociosidad espiritual, creyendo que el resto de nuestras vidas como creyentes son una especie de «vacaciones» mientras esperamos nuestra muerte o la venida del Señor. Sin embargo, eso no es lo que enseña la Biblia. Por ejemplo, en Filipenses 2:12, se nos dice: «Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación [énfasis añadido] con temor y temblor». Y en 2 Pedro 1:5–8 se nos hace el siguiente llamamiento:


Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.


Si tomamos en consideración estos versículos y obedecemos lo que nos dice Dios, ciertamente nos estaremos preparando para el tiempo en que estaremos con nuestro Señor en el cielo y de la manera que Él desea que lo hagamos. Mis amados hermanos, la pereza espiritual no es una opción para nuestras vidas. Así que dispongámonos a servir de corazón aquí en la tierra, puesto que cuando estemos en el cielo no será tiempo de aprender, sino de poner en práctica lo que aprendimos aquí.


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