• Alexis Sazo

Lo verdaderamente importante



Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. (Apocalipsis 3:18)


Carl Lewis, medallista olímpico que ganó 4 medallas en las olimpiadas de Los Ángeles 1984. Pero a pesar de su excelente desempeño, lo acusaron de restringirse en el salto largo. Ya que en vez de tratar de establecer una marca mundial, dejó de competir después del primer salto, confiado en que ganaría la medalla de oro. Más tarde, el atleta explicó que las pruebas olímpicas lo habían extenuado más de lo que esperaba, por lo que decidió ahorrar su fortaleza para los otros eventos. Explicó que estaba allí para ganar medallas de oro, no para establecer récords olímpicos, los cuales durarían poco tiempo.


Estas palabras de Carl Lewis nos hacen pensar en lo que la Biblia dice respecto a optar por usar nuestro tiempo y energía en acciones que tengan verdadero valor para con Dios. Esto no es algo nuevo, porque las Escrituras nos hablan de como la iglesia de Laodicea (Apocalipsis 3:14–22) usaba sus energías y tiempo para cosas sin valor espiritual. Ellos decían: «Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad»; a lo que Dios les tuvo que decir: «y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo» (Apocalipsis 3:17).


Ellos centraban su atención y esfuerzos en lo que no enriquece, sino que empobrece, es decir, lo material y perecedero de este mundo. Y no solo eso, sino que se jactaban de su riqueza y su autosuficiencia. Por esta razón el Señor les tuvo que decir:


Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. (Apocalipsis 3:15–16).


Así como ellos, nosotros también tenemos que decidir si seguiremos en pos de las cosas temporales o trataremos de obtener el oro eterno de la aprobación de Dios. Porque recordemos que el Señor nos dijo: «Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye» (Lucas 12:33). Además, nuestra tarea no es agradar a los que nos rodean, sino que nuestro propósito es ganar la aprobación eterna de nuestro Dios.


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