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  • Foto del escritorAlexis Sazo

La libertad como pretexto



Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. (Gálatas 5:13)


En el devocional del día lunes hablaba sobre la verdadera libertad que únicamente el Señor nos puede dar cuando rompe las cadenas de la esclavitud del pecado. Sin embargo, y tal como dice el apóstol Pablo, no podemos usar esta libertad para hacer lo que nuestra carne desea. Es cierto que en la libertad que nos da Cristo «todo me es lícito, pero no todo conviene», y asimismo, «todo me es lícito, pero no todo edifica» (1 Corintios 10:23). No obstante, mis hermanos, cuando nosotros vivimos desordenadamente, es decir, no en conformidad con la Palabra de Dios, no viviendo para Él sino para nosotros mismos, entonces es cuando estamos hacemos un mal uso de la libertad que nos dio el Señor. El apóstol Pablo, cuando les hablaba a los romanos acerca de vivir para la carne, les decía:


¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? (Romanos 6:1–2)


He ahí el punto clave. Sabemos que cuando Cristo nos salvó pasamos de muerte a vida (Juan 5:24), sin embargo, nuestro viejo hombre, junto al pecado, murieron también y no debemos buscar «resucitarlos». En la misma carta a los romanos, dice: «sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado» (Romanos 6:6–7). Pregunto: ¿nos consideramos muertos al pecado y vivos para Dios? ¿Vivimos como si nuestra carne estuviera crucificada?


Si no es así, entonces digamos como el salmista: «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría» (Salmos 90:12). De esta forma podremos vivir vidas que sean agradables a Dios, gozando verdaderamente de la libertad con que Cristo nos libertó, y no usándola como un pretexto para hacer lo malo.


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