• Alexis Sazo

La gracia de Dios



Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. (Juan 1.17 RVR60)


¿Qué es la gracia de Dios? Comencemos con lo que no es: La gracia de Dios no es un regalo exclusivo distribuido injustamente entre solo algunos privilegiados, pues bien leemos en la Biblia: «Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres» (Tito 2.11 RVR60). Tampoco es la indulgencia de Dios que ve nuestros pecados y los acepta a la ligera.


La gracia de Dios, como lo enseñan las escrituras, es el favor y el perdón soberano de Dios hacia los hombres que solo merecen el castigo y el juicio debido a sus pecados. Es la respuesta del amor de Dios a nuestra hostilidad hacia Él, como bien leemos en Romanos 5.10: «Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo». La gracia divina es la mano extendida de Dios hacia sus criaturas caídas, para llevarnos hacia Él.


Lo cierto es que esta gracia puede desplegarse a nosotros, únicamente porque el Señor Jesús llevó sobre sí mismo el juicio que merecían nuestros pecados. A decir verdad, si yo no fuese pecador, no necesitaría la gracia; y sin ella nunca podría haber sido hecho justo delante de Dios. No porque tenga algo especial, sino precisamente porque estaba perdido y muerto espiritualmente antes de recibir de aquella gracia. Bien dice su Palabra:


Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados (Efesios 2.1 RVR60)


La gracia de Dios es soberana y ya sea que la creamos o no, y ya sea que la aceptemos o no, aún así sigue siendo soberana porque procede de la voluntad de Dios; no la merecemos y por eso solo podemos recibirla de manera gratuita, pues nada podemos hacer para alcanzarla con nuestras propias fuerzas.


Pero ¿para quién es esta gracia? ¡Para todos los seres humanos! Porque todos somos pecadores y todos necesitamos desesperadamente de ella. Aquel que no haya tenido un encuentro con Jesús, necesita urgentemente la gracia divina. Basta con que responda al llamado que Dios le está haciendo.


No necesita hacer nada más que creer, porque dice su Palabra: «Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo» (Efesios 2.8–9 NTV). ¿Qué está esperando para ir a Jesús ahora?


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