• Iris P.

LA FE DEL CREYENTE MADURO


La fe crecida se manifiesta en el creyente cuando este pide algo a Dios creyendo que ya lo ha recibido, aunque aún no lo haya hecho; y da gracias a Dios por su favor concedido. Así como el Señor Jesús, antes de resucitar a Lázaro alzó los ojos al cielo oró y dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes (Juan 11.41-42). Aún no había llamado a Lázaro que saliera de la tumba y ya le daba gracias a Dios Padre por la respuesta concedida, eso es orar con verdadera fe; porque a fin de cuentas eso es la fe:

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos 11.1 RVR60)

Un rasgo del creyente maduro, es que ha aprendido a esperar la voluntad sin importar si está le es o le parece favorable; porque es uno que se somete a los tiempos de Dios; además, confía que cualquiera sea la voluntad de Dios, siempre tendrá una respuesta a sus oraciones de parte de Él.

Algo que todo creyente debe saber es que el Señor siempre nos responde y puede ser de tres maneras, afirmativamente al responder nuestra oración, negativa, cuando nos niega lo pedido y con silencio cuando nos dice que esperemos con paciencia. Nunca debemos olvidar que Él es Soberano y sabe todo de nosotros y por ende sabe que nos conviene y que también, muchas veces, pedimos mal, tal como dice su Palabra:

Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Santiago 4.3 RVR60)

Cuando nos dice que esperemos y no nos desalentamos por ello, es porque ya hemos alcanzado cierta madurez, porque un cristiano maduro vive por fe, creyendo que Dios es fiel para darnos todas las cosas que necesitamos, no las que queramos. Asimismo, el creyente maduro, se preocupa de deleitar a Dios antes que a sí mismo; quiere siempre pasar a los pies de Jesucristo, como María la hermana de Lázaro, que no se afanaba por los quehaceres como su hermana Marta:

Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lucas 10.41–42 RVR60)

Hermanos, aprendamos de Jesús, quien es nuestro modelo perfecto de Dios; y sigamos el ejemplo que nos dejó.


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