• Alexis Sazo

La enfermedad del sueño



Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. (Romanos 13:11)


En los trópicos de África central hay mucha gente afectada con una enfermedad llamada tripanosomiasis africana también conocida como la enfermedad del sueño. Esta enfermedad, según la OMS, se le considera endémica en 36 países del África subsahariana. Además, esta enfermedad no tiene tratamiento y se le considera letal. En una epidemia que ocurrió entre 1901 y 1904, murieron más de 100.000 personas en una sola provincia.


La enfermedad es causada por un parásito, el cual es transmitido a los humanos a través de la mosca tsé tsé. Este insecto, al picar a los humanos, les transmite aquel parásito. El desarrollo de la enfermedad es lenta, ya que la multiplicación del parásito es lentamente, pero de manera constante en la sangre del huésped. Es difícil detectarla porque no produce dolor, sino únicamente somnolencia, la cual lleva a la muerte al enfermo. Y antes de que se conociese esta información, la gente no relacionaba la enfermedad con la picadura de aquellas moscas, por lo que no se molestaban en quitárselas de encima.


Después de descubrirse la causa, los gobiernos de los países afectados comenzaron a limpiar las áreas alrededor de las casas, cortando los matorrales y rociando las cercanías con insecticida. De esa manera crearon un medio ambiente en el cual las moscas tsé tsé no pudieran proliferar.


El pecado es muy similar a esta mosca tsé tsé, ya que propaga una enfermedad que produce sueño espiritual entre los creyentes; «por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo» (Efesios 5:14). Entonces, ¿cuál es el remedio para este mal? Crear un ambiente de limpieza para el alma por medio de la oración; porque bien dijo el Señor: «Velad y orad, para que no entréis en tentación»(Mateo 26:41). También es necesario el estudio de la Biblia:


Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. (Juan 5:39)


Del mismo modo necesitamos la comunión con nuestros hermanos, porque bien nos dice su Palabra: «​​pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7). En conclusión, si mantenemos nuestras vidas limpias, las «moscas» de la tentación y del pecado no infestarán nuestras vidas haciéndonos caer en la enfermedad del sueño espiritual.


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