• Alexis Sazo

Jehová de los ejércitos



¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, Él es el Rey de la gloria. (Salmos 24.10 RVR60)


Considera, alma mía, el poder del Señor que es tu gloria y tu defensa. Él es un hombre de guerra, su nombre es Jehová. Todas las fuerzas del cielo están a su disposición, ejércitos están a su puerta, querubines y serafines, guardas y santos, principados y potestades, todos están atentos a su voluntad.


Si nuestros ojos no están cegados por la oftalmia de nuestra carne, veremos caballos y carrozas de fuego alrededor de los amados del Señor. Los poderes de la naturaleza están sujetos al absoluto control del Creador: el viento de tormenta y tempestad; el rayo y la lluvia, la nieve, el granizo, el suave rocío y la luz del sol van y vienen a su decreto.


Dios le preguntó a Job: «¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades, o desatarás las ligaduras de Orión?» (Job 38.31 RVR60). La tierra, el mar, el aire y todos los lugares debajo de la tierra son las barracas para los grandes ejércitos de Dios; el espacio es su campamento, la luz su estandarte, y una llama es su espada.


Cuando sale a la guerra, el hambre devasta la tierra, las pestilencias golpean las naciones, los huracanes arrollan el mar, los tornados sacuden las montañas y los terremotos hacen que el mundo se estremezca. En cuanto a las criaturas vivientes, todas tienen su propio dominio, desde el gran pez que se tragó al profeta Jonás hasta todo tipo de moscas que plagaron la región de Zoán (Salmos 78.43); todos son sus siervos y, como la langosta, el revoltón y el saltón (Joel 1.4), todos son escuadrones de su gran ejército, pues su campamento es muy grande.


Alma mía, preocúpate de estar en paz con este poderoso Rey; más aún, asegúrate de enlistarte bajo su estandarte, pues es locura pelear contra Él (Job 40.2) y servirlo es gloria. Jesús, Emanuel, Dios con nosotros, está listo para recibir reclutas para que formen parte del vasto ejército del Señor. Si todavía no estoy enlistado, iré a Él y rogaré ser aceptado a través de sus méritos. Y si ya formo parte de él, entonces debo tener buen ánimo, pues el enemigo no tiene poder en comparación con mi Señor, cuyo campamento es de gran extensión.


—Charles H. Spurgeon

En paz me acostaré (modificado)


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