• Alexis Sazo

El precio del reposo eterno



 

Levantaos y andad, porque no es este el lugar de reposo, pues está contaminado, corrompido grandemente. (Miqueas 2:10)

 

El siguiente título de un diario regional atrajo mi atención: El precio del reposo eterno. ¿Quién no quisiera conocer «un reposo eterno» después de esta vida? Pero el contenido del artículo se refiere a una triste realidad: sencillamente se trataba del costo de las concesiones en el cementerio por un tiempo más o menos largo. La municipalidad acababa de ajustar sus tarifas e informaba –con cierto humor negro– que el aumento del precio de la muerte seguirá aumentando el costo de la vida.


Sin embargo, el reposo eterno sí existe; y lo más importante de todo, es absolutamente gratuito. Los hombres cobran muy caro por un pequeño rincón de tierra en el que se deposita el cuerpo de un ser amado; pero Dios ofrece un lugar en el cielo a todos los que aceptan el regalo de la salvación del alma, consumada por su Hijo Jesús, en la cruz. ¿Cuál es el precio? Ninguno, porque Cristo lo pagó todo en la cruz, cuando expió los pecados mediante su sacrificio. Desde entonces, Dios, satisfecho con la obra cumplida por su Hijo, únicamente le pide al ser humano que crea:


El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. (Juan 3:36)


No, un lugar en el cementerio, lejos del ruido de la ciudad, no puede asegurar el reposo del alma, sino solo del cuerpo del ser amado. Mientras que Dios le ofrece ese reposo sin que incluso haya llegado el fin de la vida terrenal, pues bien dijo el Señor:


Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. (Mateo 11:28–29)


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