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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Dios NO está muerto



El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto. (Apocalipsis 2:8)


En los muros de una estación de metro en Nueva York, en la calle 110 de Manhattan, alguien hizo un grafiti y escribió: «Dios está muerto», Nietzsche. Ya que esta frase la acuñó aquel filósofo alemán. No obstante, esta célebre cita no es más que una ideología efímera de un mero hombre que elaboró todo su sistema de pensamiento negando a Dios. Muchos hombres y mujeres, en estos días, anhelan que estuviera muerta o que no existiese, a sabiendas de que sí existe un Dios en los cielos, que lo escudriña todo, y que un día los juzgará.


Tanto Nietzsche como las personas «ateas», desconocen el hecho de que Dios es la fuente de la vida y, por tanto, no puede morir. El Señor Jesús se tuvo que humanar para poder gustar la muerte. Él es el gran Yo Soy, el Eterno, es decir, aquel que no tuvo principio ni fin de vida (Éxodo 3:14).

Una aclaración, al afirmar que Dios está muerto, Nietzsche no aludía a la muerte del Señor Jesucristo en la cruz, no, sino que ese hombre quería eliminar toda idea de Dios de la mente del ser humano. Sin embargo, la muerte del Señor Jesús hace 2000 años es un hecho vital, pues es el medio que permite al hombre restablecer una relación viva con su Creador. A diferencia de todos los que alguna vez resucitaron (el hijo de la sunamita, la hija de Jairo, Lázaro, etc.), el Señor no volvió a morir tras resucitar.


Ahora, con respecto al grafiti, algunos días más tarde, en aquella estación apareció un nuevo grafiti debajo del primero, diciendo: «Nietzsche murió», Dios. Esta segunda afirmación es indiscutible. Nietzsche falleció el 25 de agosto de 1900. Es más, su tumba se encuentra en Röcken, Alemania, mientras que la tumba de Jesús está vacía. La Biblia declara que: «Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» (Hebreos 9:27). ¡Qué terrible momento para todos los que mueren sin Dios! Y será aun más terrible, cuando deban estar delante del Juez de toda la tierra (2 Timoteo 4:1), ¡y deban confesar que no lo tuvieron en cuenta en su vida!


Pero para los que aún vivimos, es tiempo de saber que Dios vive y está dispuesto a establecer una relación con cada uno de nosotros.


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