• Alexis Sazo

Cuando miramos en menos



No hagan nada por orgullo o sólo por pelear. Al contrario, hagan todo con humildad, y vean a los demás como mejores a ustedes mismos. (Filipenses 2.3 TLA)

Nosotros, como creyentes, debemos tener siempre en mente estas palabras dichas por Dios a través del apóstol Pablo. Es importante que nunca las olvidemos, porque como humanos, es muy típico que a medida que vamos adquiriendo conocimiento, tendemos a envanecernos y a mirar en menos a otros que no saben tanto como nosotros. Sin embargo, el Señor Jesús nos dijo:


El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. (Mateo 23.11–12)

Cuando actuamos con soberbia, tenemos que tener la plena certeza de que seremos humillados por Dios, ya que él aborrece la soberbia y a los que la practican (Proverbios 16.5) y no los dejará sin humillar (Santiago 4.6).


Un ejemplo muy triste que he presenciado en algunas denominaciones donde se obedece el mandato divino que dice: Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice (1 Corintios 14.33–34).


En estas iglesias locales existen varones que menosprecian a las hermanas (quizás en su mayoría de manera inconsciente) cuando, por ejemplo, en alguna reunión informal de la iglesia local se les permite intervenir. Algunos se molestan del solo hecho de que una dama alce su voz para opinar, cuando esto se hace sencillamente sus palabras son ignoradas del todo. Mientras que hay hermanos que tristemente se comportan como los religiosos de la época del Señor, pues menosprecian a los inconversos, especialmente a aquellos que son esclavos de algún vicio como el alcohol o las drogas; sobre todo aquellos que acuden a sus iglesias en estado de indigencia u oliendo mal. Pero nosotros no debemos ser así, pues bien nos dice su Palabra:


Si tuviera el don de profecía y entendiera todos los planes secretos de Dios y contara con todo el conocimiento, y si tuviera una fe que me hiciera capaz de mover montañas, pero no amara a otros, yo no sería nada. (1 Corintios 13.2 NTV)

Como creyentes tenemos el mandato de mirar a los hermanos como superiores, incluso a aquellos que se acaban de convertir, ya que eso denota obediencia a Dios. Y en cuanto a los inconversos, el Señor Jesús nos mandó a amar no solo a nuestro prójimo, sino también a nuestros enemigos (Mateo 5.44). Además, si Dios no menosprecia a nadie (Job 36.5), entonces, ¿por qué nosotros sí?


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