• Alexis Sazo

Cuando adoramos lo que no debemos adorar



Un muy querido hermano y buen amigo publicó el otro día en su cuenta de Facebook lo siguiente:


El que no toma su cruz y sigue en pos de Mí, no es digno de Mí. (Mateo 10:38)
Interesante ver Facebook repleto con frases de distinguidos predicadores de ayer y hoy... me pregunto ¿cuándo se atreverán a escribir sus propias conclusiones, con sus propias palabras nacidas de su propia relación con Jesús? Estoy seguro, que desde el cielo esperan que al fin te atrevas a dejar de citar y seguir a los predicadores de ayer y hoy, para poder leer y escuchar tu voz. Toma tu cruz y deja las cruces prestadas para seguir a Cristo.

Esto que escribió me hizo pensar que, como seres humanos, fuimos creados para adorar únicamente a Dios; no obstante, como creyentes, algunas veces, tendemos a poner a los seres humanos al mismo nivel de Dios, siendo que Él nos dice en su Palabra:


Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo. (Isaías 45.5–6)

Permítanme dar un ejemplo de esto. Tal como decía este hermano, muchos hermanos citan a hombres de Dios, estudiosos de su Palabra, que tienen un cierto renombre; lo cual no es malo en sí, pero a veces se ponen las palabras o las enseñanzas de tal o cual hermano por sobre la Palabra de Dios; lo cual sí está mal.


Es cierto que Dios usa a hombres y mujeres para edificar a su pueblo, pero eso no significa que debamos “deificar” a estos siervos de Dios, porque son meros hombres propensos al error, tal como nosotros. Y quizás no somos conscientes de que estamos haciendo algo como esto.


Sin embargo, es muy característico de los seres humanos pensar de esa forma, me refiero ensalzando a tal o cual siervo de Dios. Quizás pensamos que porque han dedicado su vida a Dios son, de alguna forma, mejores que nosotros o más aceptables a los ojos de Dios. Aunque lo más probable es que vivan vidas de mayor cercanía con Dios, pero no por eso son más aceptables a los ojos de Él de lo que puede ser cualquier otro creyente, porque el que nos hizo (y nos hace) aceptables es únicamente el Señor Jesús, es exclusivamente gracias a su sacrificio en la cruz del Calvario que Dios nos mira con buenos ojos, pues así lo dice su Palabra:


Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia. (Efesios 1.6–7)

Mis hermanos, no importa qué tanto sepamos de Dios, qué tan santificados estemos en el Espíritu o cuantos años llevemos de creyentes, ninguno de nosotros es perfecto; el único ser humano perfecto fue nuestro Señor Jesús; por lo tanto, todos los demás nos equivocamos y, sobre todo, pecamos. Es por esta razón que todos los creyentes necesitamos ser exhortados y disciplinados, ya sea directamente por Dios o través de un(a) hermano(a) cuando estamos cometiendo errores; no importa si somos el creyente más prominente del mundo, todos necesitamos de otros hermanos que nos hagan ver nuestros errores, pues bien dicen las escrituras:


La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. (Colosenses 3.16)

Asimismo, ninguno de nosotros debería mirar mucho a los hombres, sino que nuestra mirada siempre debe apuntar a Cristo, nuestra adoración siempre debe apuntar a Dios y no a los hombres. Únicamente tenemos que ser adoradores de Dios y no de los hombres.



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