• Alexis Sazo

Cristiandad en crisis




Hoy vivimos en un tiempo donde ya no sufrimos la sana doctrina y peor aún, ya ni siquiera sabemos lo que es la sana doctrina. Hoy en día, los cristianos creemos las mentiras del hombre antes que la verdad de Dios; y lo que es más terrible, tenemos comezón de oír la santa palabra de Dios. Bien dicen las escrituras:


Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio. (2 Timoteo 4:3-5)

Estamos en ruinas porque ya no le creemos a Dios. Ya no queremos lo que él nos da, sino que buscamos lo que el mundo nos ofrece. Hoy solo procuramos lo material, lo de este mundo, pero nos olvidamos que por este mundo solo estamos de paso.


Porque muchos andan como os he dicho muchas veces, y ahora os lo digo aun llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo, cuyo fin es perdición, cuyo dios es su apetito a y cuya gloria está en su vergüenza, los cuales piensan sólo en las cosas terrenales. (Filipenses 3.18-19 LBLA)

Como creyentes queremos vivir con un pie en el mundo y otro en las cosas de Dios. Por así decirlo, queremos lo mejor de los mundos. Queremos el amor, la gracia y la protección de Dios, pero no estamos dispuestos a obedecer su Palabra o sus preceptos; mientras deseamos gozar de todo lo que el mundo nos ofrece. Estamos como el hijo pródigo deseando alimentarnos de las algarrobas que comían los cerdos (Lucas 15.16).


Hoy nos sentimos plenos, sin necesidad alguna, porque estamos saciados en lo material, nos consideramos ricos, pero el Señor nos dice:


Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. (Apocalipsis 3.17–18)

Satanás hace y deshace en nuestras vidas, porque así se lo permitimos al no someternos a Dios (Santiago 4.7); sino que estamos “jugando” en su terreno, porque vivimos como si no fuéramos de Dios; más nos parecemos a los religiosos de la época del Señor que al Señor Jesús mismo. Oigamos el llamado de Dios que nos dice:


Así dice el Señor de los ejércitos: Volveos a mí—declara el Señor de los ejércitos—y yo me volveré a vosotros—dice el Señor de los ejércitos. No seáis como vuestros padres, a quienes los antiguos profetas proclamaron, diciendo: “Así dice el Señor de los ejércitos: ‘Volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras.’ ” Pero no me escucharon ni me hicieron caso—declara el Señor. (Zacarías 1.3–4)

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