• Cristian Vidal S.

Como ovejas sin pastor



Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. (Marcos 6.34 RVR60)


El evangelista Marcos nos dice que los apóstoles habían vuelvo de la misión a la que los envío el Señor Jesús (Marcos 6.7–13), se reunieron con Él y le contaron todas las cosas que habían hecho. Pero mucha gente se reunió en derredor de ellos, tanto así que ni siquiera podían comer (Marcos 6.30–31), por lo que el Señor decide llevarlos a un lugar desierto para estar con ellos a solas. Subieron a una barca buscando estar solos en un lugar desierto, pero la gente los siguió (Marcos 6.32–33); y es aquí donde el Señor ve a la multitud y tiene compasión de ellos.


Ahora, sobre este pasaje de las escrituras, me llama la atención que Jesús mira a la multitud que terminará alimentando con cinco panes y dos peses, «como ovejas sin pastor». Es interesante que a pesar de que en los tiempos del Señor Jesús existía todo un sistema organizado para la religión, esto es: sacerdotes, levitas, templo, escribas, fariseos, y cientos de sectas y «lideres» religiosos; sin embargo, la multitud fue vista como ovejas sin pastor. Claramente algo no andaba bien con los religioso de la época y con su sistema establecido. Si bien a estos a los profetas del antiguo testamento denominan como «pastores», no están presentes donde la gente está. Claro, había un hermoso templo en tiempos de Jesús y ¡qué templo! (Marcos 13.1), pero la gente en Israel vagaba como ovejas sin pastor. Es como si oyéramos la voz del profeta Jeremías diciendo:


Muchos pastores han destruido mi viña, hollaron mi heredad, convirtieron en desierto y soledad mi heredad preciosa. (Jeremías 12.10 RVR60).


Quizás por esta (y muchas más razones) el Señor tiene compasión de ellos, así que los hace sentar en la hierba verde en su gran templo de la creación, al aire libre, y no solo les enseña y los sana, sino que además los alimenta. Les provee para sus necesidades espirituales, anímicas y físicas; ¡eso es lo que hace un buen pastor! Sacia a sus ovejas, pues les provee alimento, agua y el cobijo necesario (Salmos 23.1–3).


Lo cierto es que vivimos en tiempos similares a los de los días del Señor, tiempos peligrosos (2 Timoteo 3.1); es más, vivimos en tiempos como los del profeta Ezequiel: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? (Ezequiel 34.2 RVR60)

Oro porque esta pandemia nos enseñe como Jesús lo hizo, esto es, a retomar lo esencial de la fe: vivirla y practicarla en la libertad de los sin templo, de los sin denominación, de aquellos a los cuales la religión organizada ignora, pero Jesús no.


Un pensamiento final: ¿De qué le sirve su templo, su organización, su denominación o secta, si no está donde Jesús está?

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