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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Calle del tiempo perdido



Es el tiempo de buscar al Señor. (Oseas 10:12)


¡Qué nombre extraño para esta calle de un pequeño pueblo de Francia! Me hace pensar en el dicho popular: «El tiempo perdido no se recupera jamás». Sin embargo, a menudo malgastamos nuestro tiempo, el tiempo precioso que Dios nos concede, un tiempo para todo (Eclesiastés 3:1-8).

Malgastar su tiempo o, al contrario, administrarlo bien, he aquí el meollo del asunto. Tengo la responsabilidad de utilizar mi tiempo de manera útil. Pero, a los ojos de Dios, ¿qué es útil? Moisés sentía la necesidad de pedir esta sabiduría: «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría» (Salmo 90:12).

Frente a Moisés, el Faraón «endureció su corazón», se empecinó en retener al pueblo hebreo, esclavo en Egipto, a pesar de todas las advertencias de Dios (Éxodo 7–11). Arruinó su país, porque se opuso a Dios. Siglos más tarde, otro Faraón, Necao, siguió el mismo camino, y Dios dijo de él: el «Faraón rey de Egipto es destruido; dejó pasar el tiempo señalado» (Jeremías 46:17).


¿Cómo voy, pues, a utilizar la porción de horas y días que Dios me ha confiado? Verdaderamente necesito sabiduría para administrar bien mi tiempo, «porque los días son malos» (Efesios 5:16). «Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos» (Salmo 31:14-15), el tiempo de mi trabajo como mis horas libres.


Mi deber es poner a disposición de mi Salvador cada uno de mis días. Los momentos de oración, como los de mi vida profesional, familiar, etc. serán para él. Ninguno será tiempo perdido.


Fuente: La Buena Semilla


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