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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Redimido



Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. (1 Pedro 1:18–19)


Hace muchos años, un hombre visitó un mercado de esclavos, observó un rato a los esclavos, y luego participó en la subasta de uno de ellos, hasta que nadie pudo ofrecer un precio más alto que él. Después de pagar el precio, le dio el documento de venta al esclavo, y le dijo: «Te compré para darte la libertad». Abrumado por tal acción, aquel esclavo se rehusó a dejarlo, debido a la gratitud que sentía, así que se convirtió en su más fiel y dedicado siervo el resto de su vida.


Entre los muchos nombres dados al Señor en la Biblia, hay uno que es especial: es el nombre Redentor. La palabra redimir significa, literalmente, «comprar de nuevo» algo que vendido o perdido. Y el sentido bíblico es el de liberar, de soltar, de dar libertad a quien está oprimido por algo o alguien. Por tanto, cuando se paga el precio de su redención, se puede reclamar aquello que se había perdido.


Cuando miramos en el Génesis, vemos cómo el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, pero este se vendió a Satanás a cambio del fruto del árbol prohibido. Y desde aquel momento, toda la humanidad ha sido esclava del pecado y está bajo el juicio de Dios (Romanos 5:12).


El precio de compra de nuestra redención fue la muerte sacrificial del Señor Jesús, la cual cumplió con las exigencias de la santidad y justicia de Dios. Es por ello que todo aquel acepta el regalo del perdón de Dios, es libertado (redimido) de la esclavitud del pecado, y pasa a ser siervo (esclavo) de quien lo compró, esto es, de Cristo, el Redentor, tal como dice en Romanos 6:22, «Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna»


Mis hermanos, nuestro Cristo, pagó un precio inconmensurable, es decir, que no se puede medir, por nuestra salvación, la pregunta es: ¿le servimos con gratitud?


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