• Iris P.

PARA LA MUJER CREYENTE



Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. (Proverbios 31.10 RVR60)

¡Cuánto agradan a Dios, las mujeres cuando se sujetan al Espíritu Santo!


Con el paso de los años me fui dando cuenta cuán difícil es doblegar el temperamento, no es nada fácil. Porque antes de conocer a Cristo, nuestro temperamento es el amo de nuestra personalidad; y aunque se mantiene “pasivo”, en el momento menos pensado aparece la “fiera, y como una está en la vida natural, se da el gusto de darle toda la rienda a un carácter muchas veces desconocido para quienes nos rodean. En esos momentos, una no escucha consejos y como no tenemos dominio propio, la situación es agravante y muy dolorosa para los seres queridos, incluyendo a quienes más amamos, produciendo mucho dolor alrededor nuestro.

Pero en Cristo, todo eso cambia ¡bendito el día en que el Señor llega a nuestras vidas y nos transforma, incluido el temperamento! Lo maravilloso es que ahora tenemos el poder para dominarlo. Quizás alguna hermana se pregunte ¿cómo lo puedo hacer? Lo primero es creyéndole a Dios, porque en Palabra nos dice:

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. (2 Timoteo 1.7 RVR60)

Lo segundo es orando, porque bien nos dijo el Señor Jesús:

Velen y oren para que no cedan ante la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil. (Mateo 26.41 NTV)

Como creyentes, tenemos que tener nuestros oídos atentos para poder escuchar al Espíritu Santo de Dios que mora en nosotros. Tal como dice el versículo más arriba, Dios nos ha dotado de dominio propio, así que, hermana ¡úselo! No deje que el carácter antiguo la lleve a ser carnal. Pida sabiduría de lo alto. Porque bien dicen las escrituras:

Si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios. (Santiago 1.5 RVR60)

También el apóstol Pedro dice:

Asimismo vosotras, mujeres, estad sujeta a vuestros maridos. (1 Pedro 3.1 RVR60)

Qué difícil, ¿no? Pero ojo, la sumisión no significa que la esposa sea de segunda categoría. Dios nos enseña que la cabeza de la mujer es el marido, así como Cristo es la cabeza de la iglesia. Las solteras deben someterse a su esposo celestial, mientras que las casadas debemos someternos al esposo terrenal, pero no a su señorío, porque el esposo no es el Señor. Pues el señorío es obligar a alguien para haga una voluntad distinta de la suya propia. Si la voluntad del marido va en contra de la voluntad de Dios, usted está en todo su derecho de desobedecerle, pues la prioridad la tiene el Señor y no su marido terrenal.

Además, ejemplo tenemos en nuestro Señor Jesús, quien cuando estuvo en la tierra, permaneció en total sumisión a su Padre, haciendo solo la voluntad de él y no la suya propia, pues renunció a todos los derechos que tenía como Hijo de Dios. Sin embargo, no perdió su identidad como Dios. Por eso decía que la sumisión no es un estado que indique inferioridad. Así como el Padre es la cabeza de Cristo, (son iguales, porque son uno), del mismo modo la esposa con el esposo, son uno; no obstante, debe haber una cabeza, porque es el modelo divino.

Dios nos ayude a hacer su voluntad, para su gloria. Amén.


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