• Alexis Sazo

La pobreza del Señor Jesús



 

Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes, y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud.

 

El mismo Dios que dijo: «porque mío es el mundo y su plenitud», es al mismo que vemos despojándose a sí mismo por amor de nosotros (Filipenses 2:7). Es el mismo que cuando le dijeron: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». Respondió: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza» (Mateo 8:19–20). Que increíble pensar que aquel que es el dueño de todo, ¡no tenía dónde reposar su cabeza! Esto es motivo de maravilla y gratitud para cada uno de los que hemos sido redimidos por la sangre del Cordero de Dios. Porque todo esto lo hizo por amor de nosotros. Bien dijo el apóstol Pablo a los corintios:


Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. (2 Corintios 8:9)


¡Qué amor más grande tuvo Dios por nosotros! Pensar en esto no nos puede dejar impávidos, ya que las riquezas que nos dio van más allá de nuestra imaginación. Porque no solo «nos bendijo con toda bendición en los lugares celestiales en Cristo» Jesús, conforme a lo que dice en Efesios 1:3; sino que nos dio vida nueva y eterna, entrada en su reino, nos adoptó como hijos suyos; y más aun, pues nos dice que: «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Romanos 8:32). Porque ciertamente nos ha dado todas las cosas, así lo leemos en 1 Corintios 3:21 y 22, donde dice dos veces: «todo es vuestro».


Verdaderamente no merecemos nada de esto, hermanos, pero «al Padre le ha placido darnos el reino» (Lucas 12:32). Por eso, mis hermanos, adoremos a nuestro Salvador y Señor Jesús. Bendigamos el nombre de nuestro Dios y Padre; y demos gracias por el Santo Espíritu de Dios que mora en nosotros.


Que el Señor bendiga su Palabra.


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