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  • Foto del escritorAlexis Sazo

El gran sacrificio de Cristo




Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. (Isaías 53:4–5)


Hoy es un día domingo, el día en el que el Señor resucitó desde la tumba. Y durante la semana, mientras meditaba en la maravillosa persona de Cristo, no pude evitar pensar en cuánto dejó el Señor para venir a este mundo. Los versículos del encabezado grafican, en una medida que a penas alcanzamos a entender, los sufrimientos de Cristo en la cruz. El apóstol Pablo, les escribió a los hermanos de Filipos, lo siguiente:


Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Filipenses 2:5–9)


Nuestro Señor lo dio todo, dejó toda su gloria, su majestad, las alabanzas de los seres angélicos, etc. para venir a este mundo y morir por nosotros. Pero nosotros no entendemos a cabalidad lo que dejó en los cielos, porque, primero, jamás le hemos visto con nuestros ojos, ciertamente algunos han tenido la dicha de verle en visión, pero ninguno de nosotros le hemos visto toda su gloria. Sin embargo, Él nos dice que lo dejó todo por nosotros. No estimó su divinidad como excusa, no consideró su posición como algo a lo cual aferrarse. Nuestro Señor se despojó de todo por amor de nosotros. 


El Señor puso su vida, una humillación increíble, ya que Él es la vida (Juan 14:6), dador de la vida, la fuente de la misma, pero tuvo que gustar la muerte por nuestra causa. ¿Acaso no merece que le adoremos, agradezcamos, cantemos alabanzas a su nombre, que le exaltemos, no solo aquí en la tierra, sino también, por la eternidad, en los cielos? 


Mis hermanos, hoy es un día especial, el día de nuestro Señor, no lo tomemos como si fuese cualquier cosa, sino que meditemos en lo que nuestro Salvador hizo por nosotros, sacrificio que ciertamente no merecemos. 

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