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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Un bien perdido que no se recupera



Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. (2 Timoteo 2:4)


Cruzando el desierto, un viajero vio a un árabe sentado al pie de una palmera. A poca distancia reposaban sus caballos, pesadamente cargados con objetos de valor. Se aproximó muy preocupado, y les dijo: 

—¿Puedo ayudarlos en algo?

—¡Ay! —respondió el árabe con tristeza—, estoy muy afligido porque acabo de perder la más preciosa de las joyas.

—¿Qué joya era esa? —preguntó el viajero.

—Era una joya —le respondió su interlocutor— como no volverá a hacerse otra. Estaba tallada en un pedazo de piedra de la vida y había sido hecha en el taller del tiempo. La adornaban veinticuatro brillantes alrededor de los cuales se agrupaban sesenta más pequeños. Pueden ver cómo tengo razón al decir que joya igual no podrá producirse jamás.

—A fe mía —dijo el viajero— vuestra joya debía ser preciosa. ¿Pero no creéis que con mucho dinero pueda hacerse otra análoga?

—La joya perdida —respondió el árabe, volviendo a quedar pensativo—, era un día: y un día que se pierde no vuelve a encontrarse jamás.


Pensemos en lo siguiente: Dios nos da 24 h al día y 7 días a la semana, un total 52 semanas en un año de 365 días. Sin embargo, ¿cuánto de ese tiempo que Dios nos da se lo dedicamos a Él? Recordemos que un día daremos cuenta delante del Señor de lo que hicimos con el tiempo que nos dio. Además, conforme  a su Palabra, la edad máxima a la que podemos aspirar a vivir son 120 años (Génesis 6:3). Pero hasta ahora, ¿cómo hemos ocupado ese tiempo? El apóstol Pablo les decía a los efesios:


Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. (Efesios 5:15–16)


Entonces, ¿estamos malgastando el tiempo que Dios nos regala? ¿O lo estamos ocupando con sabiduría? Más bien, ocupemos nuestro tiempo sabiamente, usando bien el tiempo que Dios nos da día a día. Y si nos falta sabiduría para ello, oremos como el salmista: «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría» (Salmos 90:12).


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