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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Cuidar el testimonio



Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo,  para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios. (Filipenses 1:27–28)


Durante el ensayo que efectuaba una gran orquesta, a un pequeño flautista le pareció que teniendo tan poco valor su instrumento en medio del concierto ensordecedor de otros más potentes, podía descansar un rato, y cesó de soplar. Pero el fino oído del director notó la falta y reprendió al joven artista por su negligencia. Su poco notable pero agudo. A veces pensamos del mismo modo, que nuestro testimonio no es importante, o que nadie lo va a notar, no obstante, las personas nos miran más de lo que nosotros creemos. ¿A qué me refiero con testimonio? A lo dice un diccionario bíblico: al comportamiento adecuado que trae buena reputación. Pero ¿por qué esto es importante? Porque, por ejemplo, quizás seamos la única Biblia que leerá una persona inconversa, y es necesario que vean reflejado a Cristo en nosotros, y cuán relevante es tener un buen testimonio al momento de predicarles el evangelio a las personas del mundo. 


Nuestro testimonio como hijos de Dios es de gran relevancia, y una mala actitud o una mala palabra, incluso que no saludemos a alguien con amabilidad, puede afectar grandemente la opinión de un inconverso con respecto a los cristianos. Bien dice su Palabra: «Así como las moscas muertas apestan todo un frasco de perfume, una pizca de necedad arruina gran sabiduría y honor» (Eclesiastés 10:1 NTV).


Ahora, si le preguntaran a nuestra familia, a nuestros vecinos, a nuestros compañeros de trabajo o de estudio acerca de nosotros, ¿qué dirían? ¿Darían buen testimonio de nosotros? ¿Podrían decir que somos cristianos? Por eso es tan importante lo que dice el versículo del encabezado, que nos comportemos «como es digno del evangelio de Cristo».


Si hemos descuidado nuestro testimonio, pidámosle a Dios perdón y roguemos a diario para que nos ayude a dar un buen testimonio como creyentes, y así podamos reflejar a Cristo en nuestras vidas. 

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