• Alexis Sazo

Cuando no quieres



Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos. (Salmos 119.4 RVR60)


Cuando se trata de expresar nuestros sentimientos, pocos de nosotros somos tan honestos como los niños. Había un padre que estaba luchando para lograr que su hijo de 4 años le obedeciera. Un día, cuando le preguntó porqué no hacía lo que él le decía, el niño contestó con toda honestidad: «Papi, no te obedezco porque no quiero».


Muchos de nosotros no somos tan honestos, no solo con los demás, sino con nosotros mismos. Si alguien nos pregunta por qué no obedecemos la Palabra de Dios, muchas veces damos excusas para no obedecer, no obstante, la verdadera razón podría ser que sencillamente no queremos. Aunque debemos recordar lo que nos dice Dios en su Palabra:


Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. (1 Juan 5.3 RVR60)


Una hermana, muy honestamente, una vez escribió lo siguiente: «Cuando nuestra familia vivía en Berlín occidental, empecé a descuidar la lectura de la Biblia y la oración. Honestamente pensaba que tenía tiempo. Posteriormente, cuando nos mudamos a Suiza, yo me sentía muy emocionada, no solo porque vivíamos cerca de unas montañas majestuosas, sino también por la montaña de tiempo que iba a tener. Sin embargo, a pesar de que tenía más tiempo, seguía sin leer la Biblia ni orar regularmente. Mi verdadero problema era que sencillamente no quería hacerlo.


Encontré la respuesta a mi dilema en 1 Juan 5.3. Y cuando me arrepentí de lo mucho que había ignorado a Dios, él llenó mi corazón vacío de su amor perdonador. Entonces, leer la Biblia y orar se convirtieron en un verdadero deleite. Mi renovado amor a Dios hizo que deseara más y más hacer su voluntad, en vez de desear hacer la mía propia».


Mis hermanos, por mucho que a veces no queramos leer la Biblia y orar, no debemos olvidar que Dios desea tener una relación muy íntima y cercana con cada uno de nosotros, pero al no pasar tiempo con Él solo le entristecemos. Arrepintámonos si es que hemos estado actuando así y pidámosle que nos dé un vivo deseo por leer su Palabra y orar en todo momento, con toda oración y súplica (Efesios 6.18).


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