• Alexis Sazo

Cuando Dios parece estar lejos



Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. (Lamentaciones 3:25)


Un pastor una vez escribió lo siguiente: «En mis cinco décadas de ministerio he hablado con muchas personas que se han angustiado en gran manera porque Dios parecía estar lejos de ellos. No sentían que a Él le importaban sus necesidades personales, por lo que les era difícil orar.


A veces la razón se manifestaba rápidamente: un pecado no confesado, un espíritu vengativo, orgullo, vicios, y cosas por el estilo. Pero cuando no había pecado evidente y la persona se sometía a diario a Jesús como Señor, leía la Biblia y oraba persistentemente, el mejor consejo que les podía dar era: “Habla con Dios de tu problema y sigue haciendo lo que sabes que es correcto”».


La Palabra de Dios nos habla de personas que enfrentaron el mismo problema, como por ejemplo, el profeta Jeremías. Él pasó por una época en la que Dios en realidad parecía ser su enemigo, ya que dijo:


Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo. Me guió y me llevó en tinieblas, y no en luz; ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día. Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos; edificó baluartes contra mí, y me rodeó de amargura y de trabajo. Me dejó en oscuridad, como los ya muertos de mucho tiempo. (Lamentaciones 3:1–6)


El profeta continúa con un discurso similar hasta el versículo 18 de este capítulo. Con una imágenes verbales impresionantes describió su angustia por un Dios que «cerró los oídos a mi oración» (v.8). Jeremías sentía que Dios lo estaba acorralando (vv. 10–12). Pero cuando finalmente expresó toda su tristeza, el profeta vio una luz que penetró la oscuridad y restauró su esperanza en el Señor, pues dijo: «Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad» (Lamentaciones 3:21–23).


Si Dios parece estar lejos de usted, a pesar de que está confiando completamente en Él y tratando de hacer su voluntad a diario, no se desespere. Hable con Él de eso y siga haciendo lo que sabe que Dios manda en su Palabra. La luz aparecerá, y cuando eso ocurra, estará mejor preparado para apreciarlo. Porque una de las razones por las que Dios guarda silencio es para que aprendamos a gozarnos y deleitarnos en oír su voz.


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