• Alexis Sazo

Tener sed del agua de vida



Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. (Salmos 42.1–2 RVR60)


El agua es imprescindible para la vida. Por ejemplo, nuestro cuerpo está compuesto por más del 60% de agua. Bastan unos pocos días sin agua para morir deshidratados. Podríamos decir entonces que la sed actúa como un sistema de alarma en nuestros cuerpos. Pero en el ámbito espiritual, ¿existe algo parecido?


Hace mucho tiempo, una mujer de un lugar llamado Samaria, que había ido a sacar agua a un pozo se encontró con el Señor Jesús (Juan 4.7–27). Él le dijo sencillamente «dame de beber», y aprovechó la ocasión para hablarle de la sed interior de todo ser humano. Y en un momento de la conversación, Él le dijo: «Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4.13–14 RVR60).


La consciencia de esa mujer se despertó y la luz entró en ella. Se dio cuenta de que estaba ante la fuente de la vida, del amor divino y de todo verdadero gozo. Esta mujer, desilusionada de la vida y con el corazón vacío, ahora bebía las palabras de Cristo. ¿Quién necesita, más que ella, esta fuente de agua viva de vida eterna?


¿Cómo se puede tener hoy un encuentro con el Señor Jesús, quien puede colmar nuestras mayores aspiraciones? Escuchémosle hablar a través de los evangelios, porque sus palabras son vida y verdad (Juan 6.33), pues son esa agua viva que da la vida eterna. Él dijo:


Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. (Juan 7.37 RVR60)


Esta es una invitación que todavía está vigente para todo aquel que sienta la profunda sed de su corazón producida por el pecado que mora en cada uno de nosotros. Porque sin Cristo, estamos iguales que aquella mujer antes de beber del agua de la vida. ¿Y usted qué está esperando para beber de aquella agua de vida?


Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. (Apocalipsis 22.17 RVR60)


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