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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Temor a lo desconocido



En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma. (Salmos 94:19)


Sir John Franklin era un marino cuya vida estuvo llena de aventuras. Pertenecía a la flota británica, con la que recorrió todos los mares. Era el encargado de transmitir las señales en la batalla de Trafalgar y fue el que emitió el famoso mensaje: «Inglaterra espera que todos cumplirán con su deber». Era un cristiano fiel y encontró gran consuelo y fuerza en la lectura de la Biblia. Sus hombres decían que preferían que fuera él quien dirigiera los servicios religiosos más bien que un capellán de la flota.


John Franklin murió en una expedición al Ártico en 1850. No se sabe cómo Dios lo trasladó a su gloria. Se supone que su barco naufragó, pero se encontraron algún tiempo después su Biblia y un libro de memorias en el que daba informes del principio de su arriesgado viaje. En la Biblia había subrayado los versículos: «Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra» (Salmo 139:9–10). Había también un libro de meditaciones con una página doblada en el versículo: «No temas… cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti» (Isaías 43:1a–2).


En algunos de los mapas en la época primitiva de la exploración había áreas totalmente desconocidas sobre las cuales estaba escrito: «Aquí hay demonios», o «Aquí hay dragones». En las áreas desconocidas de su propio mapa, sir John Franklin había escrito: «Aquí está Dios». La Palabra de Dios le daba fuerzas para reemplazar los temores supersticiosos con una fe firme.


El temor a lo desconocido es quizás uno de nuestros más grandes temores como seres humanos. Sin embargo, los creyentes no navegamos solos en «las aguas de la vida», sino que el Señor va en nuestra barca. Él no solo nos guía, también nos cuida durante el camino. Y aunque no conozcamos lo provenir, podemos descansar en aquel que no solo lo sabe todo, sino que además lo controla todo con su poderosa mano, bien dice su Palabra: «¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?» (Lamentaciones 3:37).


¿Hemos de temer de algo si es que estamos en la mano del Padre y del Señor? (Juan 10:28–29).


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