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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Suprema humillación




Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre. (Filipenses 2:7-9)

Jesucristo es el ejemplo perfecto de humildad. Su humillación nos es mostrada de modo muy sobrecogedor en ese texto de Filipenses 2: 5-8:


Primero, se nos dice que siendo Dios «se despojó a sí mismo» al hacerse hombre. Y a pesar de que era el Hijo unigénito junto al Padre, el Creador, se hizo hombre y vivió entre sus criaturas para poder ser nuestro Salvador, sin dejar nunca de ser Dios.


No suficiente con la humillación de tomar la forma de sus criaturas, el Señor, estando en la forma humana, «se humilló a sí mismo», tomando el lugar más bajo, el de un siervo que carece de voluntad propia. Hubiese podido ser un rey colmado de honores y riquezas, pero eligió la humildad y la pobreza.

En su condición de siervo, el Señor Jesús se hizo «obediente hasta la muerte». Y al Dios, como siervo, obedeció perfectamente, y esto hasta la muerte; pues fue la voluntad de su Padre que diera su vida. En su muerte nos mostró su amor y también su obediencia perfecta.


Obedeció hasta la «muerte de cruz». Esta era una muerte denigrante reservada solo para los peores malhechores del imperio romano. Y conforme a la Palabra de Dios, ser levantado en un madero, traía la maldición sobre quien era sometido a este suplicio (Gálatas 3:13). En su Palabra se nos dice que el Señor «sufrió la cruz, menospreciando el oprobio» (Hebreos 12:2), a pesar de que Él era el «glorioso Señor» (Santiago 2:1).


Nuestro Señor, luego de experimentar tal humillación, le corresponde el lugar de honor supremo al cual Dios lo exaltó. Pronto, en el nombre del Señor Jesús, toda rodilla se doblará, y cada uno tendrá que reconocerlo como Señor (Filipenses 2:9-11). Desde ahora los creyentes reconocemos su gloria y le adoramos, conmovidos por su sumisión voluntaria y su inmenso amor, especialmente en este día.


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