• Alexis Sazo

Su gracia y su misericordia



 

O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. (Lucas 13:4–5)

 

Jesús lee el pensamiento de los que le plantean aquel difícil problema y lo aborda francamente, diciéndoles: «¿Creen que esas víctimas hayan sido más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? En realidad –agrega el Señor–, todos son pecadores y merecedores del juicio de Dios. Y lo sorprendente no es que esos hombres hayan muerto, sino que ustedes estén vivos».


Aquí el Señor Jesús comenta un suceso trágico ocurrido en Siloé, un lugar ubicado a las afueras de Jerusalén. En aquel lugar se derrumbó una torre y mató a dieciocho personas. Esta es la clase de acontecimientos imprevisibles, como los terremotos o los ciclones, hacen que mucha gente diga: —No nos hablen del amor de Dios que permite catástrofes que afectan a personas inocentes, mientras que a los malos no les pasa nada. Como humanos culpamos a Dios de todo lo malo que nos pueda pasar en la vida, pero todo es consecuencia del pecado, nuestro pecado.

Y aunque como humanos, nos gusta razonar en términos de derecho, por ejemplo, los derechos humanos, del trabajo, de salud, vivienda, etc. Sin embargo, ¿cuáles son nuestros derechos ante Dios? La verdad es que no tenemos ninguno, ya que conforme a nuestros actos, lo único que merecemos de su parte es el castigo debido a nuestros pecados que cometemos cada día contra Él. Lo normal sería que toda la humanidad, responsable del rechazo y muerte de su Hijo Jesús, fuera enjuiciada. Sin embargo, Dios decidió mostrarnos su amor y su misericordia a través de su Hijo Jesucristo.


Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)


Ahora, lo sorprendente no es que algunas personas hayan perecido en una catástrofe, sino que haya tantas que están vivas y gozando de buena salud; porque si usted y yo vivimos día tras día, es porque somos objeto de la gracia y la paciencia de Dios, ¡eso es lo que debería sorprendernos! No obstante, ¿se lo agradecemos? Porque si estamos vivos hoy es únicamente por su gracia y su misericordia.


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