• Alexis Sazo

Programa de aprendizaje



Enseña al niño el camino en que debe andar, y aún cuando sea viejo no se apartará de él. (Proverbios 22.6)


Ciertamente que la vida era más sencilla años atrás. Por ejemplo, si un hombre era carpintero, su hijo con toda probabilidad iba a ser lo mismo. Eso era porque el taller estaba en la casa y el muchacho trabajaba con el padre. El hijo miraba atentamente cómo su padre cortaba la madera, la cepillaba, la pulía y luego juntaba para construir un banco o una mesa. Básicamente, el aprendizaje se hacía por ejemplo.


Lo cierto es que en nuestros días, los jóvenes ya no aprenden oficios, sino que se buscan carreras profesionales con altos ingresos o que nos provean de una vida cómoda. Ahora, si hablamos de profesiones que requieren tener cierta vocación, estas son mucho más complejas y el entrenamiento demasiado exigente.


Sin embargo, hay un aspecto de la vida que sigue siendo el mismo de antes. Los hijos no solo aprendían de su padre o madre cómo hacer las cosas, sino que también aprendían de la vida. Veían los valores y la ética de sus padres en acción cada día en sus hogares.


Los padres cristianos todavía tienen «pequeños aprendices» que los observan cómo ponen en práctica sus creencias. Sucede a la hora de las comidas, en el automóvil, en la tienda, en las conversaciones con vecinos o acerca de lo que se dice en cada sobre esos vecinos, etc. los niños observan todo el tiempo. ¡Qué oportunidad tan maravillosa de enseñar a los hijos de cómo vivir para Cristo! Y los pequeños no solo lo necesitan, sino que lo desean.


Pero ¿qué le está enseñando a sus hijos? ¿Les enseña a amar a Dios, a temerlo y obedecerlo? ¿O le enseña a amar, a disfrutar y a vivir para el mundo? ¿Puede usted decir como el apóstol Pablo dijo a sus hijos en la fe?: «Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo» (1 Corintios 11.1 RVR60).

A aquellos que son padres cristianos, el mandato de Dios para ustedes es este:


Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Debes comprometerte con todo tu ser a cumplir cada uno de estos mandatos que hoy te entrego. Repíteselos a tus hijos una y otra vez. Habla de ellos en tus conversaciones cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. (Deuteronomio 6.5–7 NTV)


Entonces, les pregunto, ¿están viviendo para Cristo, de tal manera que quieren que sus hijos los imiten? Y a los que no son padres les pregunto ¿podrían presentarse como ejemplo para que otros los imiten?


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