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  • Foto del escritorAlexis Sazo

¿Para qué sirvo?



Qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. (Miqueas 6:8)


Clemencia vive sola y trabaja toda la semana para suplir sus necesidades. Ella considera que, como cristiana, no hace nada para su Señor. A veces piensa con tristeza: «En el fondo, ¿para qué sirvo? Si pudiera servir al Señor de tiempo completo, como los misioneros, en lugar de pasar mi tiempo trabajando para vivir».

Quizás usted, mi amado(a) hermano(a) se pregunte lo mismo. Pero ¿sabe que puede servir a su Señor de tiempo completo, en su situación actual? Es más, todos los creyentes podemos servir al Señor de tiempo completo. ¿Cómo? Se estará preguntando. Su Palabra nos dice:

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. (Colosenses 3:23–24)

En otras palabras, si hacemos nuestro trabajo de corazón, por ejemplo, como si lo hiciéramos para Él, estaremos dedicando nuestra vida por completo al Señor, sirviéndole así a tiempo completo. La verdad es que no necesitamos hacer algo vistoso; ahí tenemos el ejemplo del Señor. ¿Alguna vez ha notado que el Señor Jesús pasó la mayor parte de su vida en el anonimato, en Nazaret? Allí aprendió el oficio de carpintero, y casi no sabemos nada de esos treinta años. Sin embargo, al final de este periodo silencioso, Dios declaró: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3:17). Durante sus treinta años de silencio, el Señor se había dedicado a complacer a su Padre celestial, haciendo la voluntad de Él. Y hasta antes de su ministerio público no hizo nada vistoso, sino que vivió una vida normal. Pero esa vida normal la vivió toda para Dios, su Padre.


Mis hermanos, un día ordinario en el trabajo, proporciona mil ocasiones de manifestarle nuestro amor a nuestro Dios. Por ejemplo: un trabajo paciente para Él, en medio de la agitación; o un corazón contento y satisfecho, en medio de las múltiples quejas; también la sumisión a un jefe desagradable, como si fuese el Señor (Efesios 6:7), etc. En Jeremías 45:5, dice: «¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques». Desistamos en querer destacar para otros y vivamos para el Señor, haciendo todo para su gloria (1 Corintios 10:31).


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