• Alexis Sazo

No han querido



¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! (Mateo 23:37)


Hace mucho tiempo que Dios habló a su pueblo Israel a través de severos juicios para traerlo de nuevo hacia Él, pero tuvo que constatar con tristeza que: «Nunca os volvisteis a mí». Dios repite cinco veces esta frase en el capítulo 4 del libro del profeta Amós. Ocho siglos más tarde, el Señor Jesús le hizo el mismo reproche a los judíos de la época diciéndoles: «y no queréis venir a mí para que tengáis vida» (Juan 5:40).


La obstinación del corazón humano para desviarse de Dios y no escuchar su tierno llamado sigue siendo la misma de siglo en siglo. Refiriéndose a esto mismo, el Señor Jesús, dijo: «Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis» (Mateo 11:17); ¿qué significa esto? Que no escuchamos sin importar cómo nos hable Dios. Despreciamos la palabra de juicio y no escuchamos la voz de la gracia. Bien dice su Palabra:


Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende. (Job 33:14)


En estos versículos vemos claramente la responsabilidad del hombre ante Dios. No obstante, no escucha, no quiere escuchar, sin embargo Dios le sigue ofreciendo el mayor de los tesoros, es decir, la salvación de su alma, pero los seres humanos persisten en rechazar tal regalo. Sin darse cuenta que la salvación del alma que nos ofrece Dios fue de muy alto costo para Él, porque tuvo que ofrecer a su propio Hijo unigénito para pagar la deuda que nosotros debíamos a raíz de nuestros pecados.


Dios, en su misericordia para con sus criaturas, es paciente; por eso sigue diciendo: «Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones» (Hebreos 3:15). Así que, ¡convénzase! ¡Crea que ese Dios lleno de bondad se dirige a usted. Comprenda que su llamada es un mensaje de amor; sin embargo, esta oferta de amor no se mantendrá eternamente, es más, está próxima a desaparecer. No demore, pues no sabe cuándo ha de partir de este mundo.


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