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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Mirando a Cristo



Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Hebreos 12:2)


La vida del Señor Jesús estuvo marcada por la obediencia a Dios, su Padre. Él no obedecía por obligación, sino por amor a Dios. Avanzando hacia la cruz, dijo: «Para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago» (Juan 14:31). Obediente, se dejó crucificar dando su vida por hombres culpables. Así proclamó delante del mundo entero su amor por su Padre y por nosotros. Como le dijo el apóstol Pablo a los hermanos de Filipos, Él fue «obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:8). Ningún amor humano puede compararse al amor del Padre por el Hijo y del Hijo por el Padre.


Como ya dije, este amor condujo al Señor Jesús a la cruz, ¿por qué? Para poder perdonar nuestra culpa, pues Dios exigía un rescate, el pago de su justicia perfecta y santa. Por lo tanto, el Señor Jesús cargó con nuestros pecados. Como lo anunció el profeta Isaías, Él «herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados… Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros» (Isaías 53:5,10).


En esas horas de angustia indecible, Jesús se volvió hacia el Dios a quien amaba y en quien confiaba. Pero el Dios santo, abandonó a su propio Hijo con el fin de ampararnos a nosotros. Esta es la razón por la que el Señor clamó a gran voz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:46).

Sin embargo, el Señor no quedó en la cruz, sino que se levantó triunfante, habiendo vencido a la muerte y destruir al que tenía el imperio de la muerte (Hebreos 2:14). Hoy es un día para hacer memoria de Él, tal como lo mandó (Lucas 22:19), es un día de poner nuestros ojos en Él y darle toda la gloria y alabanza que se merece. Hoy es un día de adoración a aquel que tanto dio por nosotros.


No dejemos de adorarle y ensalzar su santo nombre. ¡Glorifiquemos a Cristo! Porque Él es digno de suprema alabanza.


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