• Alexis Sazo

Las moradas eternas


Así partieron del monte de Jehová camino de tres días; y el arca del pacto de Jehová fue delante de ellos camino de tres días, buscándoles lugar de descanso. (Números 10.33 RVR60)


En el capítulo 10 del libro de Números, encontramos detalles de cómo el pueblo de Israel debía desplazarse a través del sonido de las trompetas y en un orden específico. Pero el verso 33 nos da un detalle hermoso que nos deja ver la inmutabilidad de nuestro Dios. Este es un claro ejemplo de que Dios no cambia (Malaquías 3.6) y que actúa de la misma manera.


Vemos que la Palabra de Dios nos dice que: «el arca del pacto de Jehová fue delante de ellos camino de tres días, buscándoles lugar de descanso». Acá vemos en el arca del pacto una clara figura de nuestro Señor Jesús, pues Él dijo: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14.2–3 RVR60).


Nuestro Señor es el precursor que entró primero dentro del velo del templo (ver Hebreos 6.18–20), para ir a prepararnos moradas eternas en la casa de su Padre, así como el arca del pacto iba delante del pueblo de Israel buscándoles un lugar de descanso.


Es hermoso pensar en cómo Dios actúa en favor nuestro, buscándonos el reposo que tanto necesitamos, ya que al igual que el pueblo de Israel en su peregrinar en el desierto camino de la tierra prometida, los creyentes peregrinamos en este mundo, el cual es un páramo, mientras vamos camino a la gloria eterna.


Así que, hermanos, no nos cansemos ni nos desanimemos en nuestro andar diario por esta vida, llena de aflicciones y problemas. Sigamos el ejemplo de Moisés, que como dice su Palabra: «se sostuvo como viendo al Invisible» (Hebreos 11.27). No importa cuán difícil o demandante puede ser lo que estamos viviendo, tenemos promesa que iremos a morar con Dios, en donde ya no habrá sufrimientos, pues dice:


Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. (Apocalipsis 21.4 RVR60)


Consolemos nuestros corazones y mentes en estas maravillosas promesas de Dios, que un día descansaremos del pecado y del mundo en las moradas eternas.


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