• Cristian Vidal S.

LAS EVIDENCIAS DE AMAR A DIOS




Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22.34–40 RVR60)


¿Cuál es la esencia de la fe o religión cristiana?


Bien podemos decir que aquí Jesús estableció la definición completa de la religión.


(i) La fe consiste, primeramente y por sobre todas las cosas, en amar a Dios: El Señor Jesús cita un versículo que se encuentra en Deuteronomio 6.5. Ese versículo era parte de lo que se connoce como «la shemá», la cual es la frase con la que empiezan todos los cultos judíos; y es el primer texto que todos los niños judíos aprenden de memoria.


(ii) Nuestro amor a Dios debe desembocar en el amor a nuestros semejantes: El segundo mandamiento que cita Jesús procede de Levítico 19.18. Acá nos deja en claro que solo cuando amamos a Dios podemos amar a nuestros semejantes. ¿Y, cómo podemos demostrar amor a quien no vemos (Dios)? Una buena respuesta sería: amando a lo que Él ama, es decir, a su humanidad, la que sí podemos ver. Por eso el apóstol Juan, en su primera carta, dijo:


Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano. (1 Juan 4.20–21 RVR60)


Esto me recuerda a las conversaciones que he tenido con algunas madres solteras, las cuales, luego de varios errores -y horrores- tratando de encontrar al amor de sus vidas; encuentran su mayor felicidad al darse cuenta que su pareja actual ama y cuida a sus hijos como si fueran propios.


Sobre esto Santiago escribe lo siguiente:


La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. (Santiago 1.27 RVR60)


Entonces, podemos decir que el verdadero amor a Dios, si bien nace desde el interior del corazón, es necesario que este se demuestre con acciones concretas, de otro modo todo lo que puedas decir al ser amado solo sería retórica o en el mejor de los casos, una bella poesía. Por eso en la primera carta de Juan encontramos lo siguiente: Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. (1 Juan 3.18 RVR60)


Si bien las obras o acciones no nos salvan, pero sí son el medio para demostrar que hemos alcanzado la salvación y esta es su relevancia. Esto concuerda con lo que le dijo Pablo a los Efesios: Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2.10 RVR60). Y tal como dijo el Señor Jesús: Por sus frutos los conoceréis. (Mateo 7.16 RVR60).


En conclusión, ¿cuál es la esencia de la fe cristiana? Amar a Dios y a tu prójimo como a ti mismo. Sin embargo, esta es solo la mitad de la verdad de este pasaje, la otra mitad está en nosotros. «Acta non verba», decían en latín, que significa: acciones no palabras. Por lo tanto, nuestro amor a Dios, debe manifestarse en acciones a nuestros semejantes.


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