• Alexis Sazo

El Señor está conmigo



Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. (Salmo 23:4)

Cuando David escribió el Salmo 23, vivía en comunión con Dios, ya que declaró con fe: «Tú estarás conmigo», aunque tenga que caminar «en valle de sombra de muerte» (V4). Si miramos su vida, veremos que en su juventud David pasó por momentos muy difíciles, por ejemplo, el rey Saúl, su suegro, quería matarlo porque temía que David subiese al trono en lugar de su hijo Jonatán. ¡Pero Dios velaba sobre David! Porque mientras huía de Saúl y de sus tropas, escribió numerosos salmos, en los cuales expresa su confianza en Dios. ¿Por qué Dios permitió esto en su vida? Una de las razones más hermosas, es para que hoy, nosotros podamos hallar consuelo y calma en las adversidades, pues estos poemas fortalecen nuestra fe aún hoy en día.

A otro de los personajes bíblicos a quien Dios dijo: «Yo estoy contigo», fue al profeta Jeremías (Jeremías 30:11). Él lo ayudó durante toda su vida, porque cuando leemos su libro, vemos cómo lo liberó de situaciones terribles, sobre todo cuando hombres influyentes quisieron matarlo porque había anunciado, de parte de Dios, la toma de Jerusalén. Desde muy temprano en su ministerio, Dios animó a Jeremías, diciéndole: «Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte» (Jeremías 15:20).

El profeta Jeremías sabía que no podía contar con los hombres, ya que hasta sus más cercanos se habían vuelto en su contra, por eso se apoyó únicamente en Dios y ciertamente experimentó su ayuda, incluso cuando lo echaron en la cárcel injustamente por haber sido un testigo fiel. Entonces escribió: «Mis enemigos me dieron caza como a ave, sin haber por qué; ataron mi vida en cisterna… aguas cubrieron mi cabeza; yo dije: Muerto soy. Invoqué tu nombre, oh Señor, desde la cárcel profunda; oíste mi voz… Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas» (Lamentaciones 3:52-57).

Del mismo modo como Dios estuvo con estos hombres de fe, lo está hoy con nosotros, sí, podemos decir con plena confianza: «Tú estarás conmigo».

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:38–39)


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