• Alexis Sazo

El cielo visita a la tierra



Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros. (1 Samuel 12:24)


Los libros del Antiguo Testamento, en particular los de los profetas y los salmos, aluden a los sufrimientos de Cristo y a las glorias que vendrían tras ellos. A menudo estamos poco motivados en cuanto al estudio de las Escrituras, cuyas secretas profundidades son un verdadero tesoro inconmensurable. Nosotros actuamos de esta forma, mientras que los ángeles anhelan mirar estas cosas más de cerca (1 Pedro 1:10–12).


«Dios fue manifestado en carne… visto de los ángeles» (1 Timoteo 3:16). Cuando el Señor Jesús nació una multitud en los cielos acompañó al ángel que anunciaba la llegada de Jesús (Lucas 2:10–14). El cielo entero se ocupaba de lo que ocurría en la tierra, porque el Hijo de Dios había bajado a ella. Los ángeles le sirvieron en el desierto, después de que Satanás lo tentara (Mateo 4:11). En el huerto de Getsemaní, mientras el Señor Jesús estaba en medio de la angustia, un ángel vino para fortalecerle (Lucas 22:43). Los ángeles se interesaron también en la muerte, la resurrección y la ascensión del Señor Jesús, aunque no había venido por ellos (Hechos 1:10).


Sin embargo, los seres humanos, por quienes sí vino, no manifiestan ni el más mínimo interés en Él. No nos damos cuenta que la razón por la cual Cristo vino a este mundo fue por causa de sus criaturas caídas. Su Palabra es clara en esto, pues nos vio perdidos:


Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. (Salmos 14:2–3)


Entonces, Dios al vernos en tal condición desciende desde el cielo para venir a rescatarnos, haciéndolo por amor:


Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)


Así que, ¿le seguirás ignorando o vendrás a Él en busca de un Salvador?


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