• Alexis Sazo

¿Acontecimientos fortuitos o advertencias de Dios?



Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende. (Job 33:14 RVR60)


En la época de Noé, Dios envió el diluvio sobre todo el mundo habitado, porque «la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y [...] todo designio del corazón de ellos era de continuo solamente el mal» (Génesis 6:5 RVR60). En otras palabras, fue un castigo de parte de Dios debido a la maldad de sus criaturas.


No obstante, Dios jamás ejecuta un juicio sin antes advertir acerca del mismo y cómo poder escapar de aquel juicio. Por ejemplo, si tomamos la declaración de la sentencia divina y el diluvio, la duración de la construcción del arca fue el plazo dado por Dios a los hombres para que se arrepintieran, período que duró más de cien años. Finalmente, cuando llegó aquel diluvio, solo se salvaron ocho personas, que fue Noé y su familia (1 Pedro 3:20). Otro ejemplo, cuando Dios destruyó Sodoma y Gomorra, debido a su perversión (Génesis 19:24–25), únicamente tres personas se salvaron; a pesar de que Dios había dado aviso de lo que habría de hacer.


Hoy en día somos testigos de los muchos acontecimientos que están afectando a nuestro mundo. El sinnúmero de desastres naturales, las revueltas sociales en todo el mundo, climas extremos, la violencia generalizada de la que somos testigos, etc. Pero ¿todo esto se debe a mera casualidad o a un montón de coincidencias? La Biblia nos dice:


¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? ¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado. (Lamentaciones 3:37–39 RVR60)

Con todas estas cosas que vemos a nuestro alrededor, Dios nos está tratando de advertir que el fin de su paciencia y gracia están llegando a su fin. Así lo dijo el Señor hablando sobre los tiempos finales de la humanidad: «Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo» (Lucas 21:10–11 RVR60).


Sin embargo, aún hay tiempo, la gracia y la paciencia de Dios todavía están vigentes, aunque no por mucho. Su Palabra nos dice: «Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis» (Ezequiel 18:32 RVR60). Lo que Dios desea es que todos los seres humanos lleguen a ser salvos (1 Timoteo 2:4); así que no demore, porque el fin se acerca a pasos agigantados.


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