• Alexis Sazo

Él me conduce




Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. (Juan 10.2–5 RVR60)


En el 2005, en Estambul, Turquía, una oveja saltó por un despeñadero, ¡y casi 1.500 más la siguieron! En definitiva, murió alrededor de un tercio del rebaño. Al no saber qué camino tomar, siguieron inconscientemente a las demás.


No puede haber mejor descripción gráfica que las ovejas para ilustrar nuestra necesidad de un líder confiable. El profeta Isaías escribió que todos somos como las ovejas (Isaías 53:6): tendemos a ir por donde queremos; no obstante, precisamos desesperadamente la guía segura de un pastor. El Salmo 23 describe la confiabilidad de nuestro buen Pastor: nos cuida (v. 1); suple nuestras necesidades físicas (v. 2); nos muestra cómo vivir una vida santa (v. 3); nos restaura, consuela, sana, y bendice abundantemente (vv. 3-5); y no nos abandona (v. 6).


¡Qué consolador es saber que Dios nos guía con delicadeza, pero también con firmeza! Y lo hace a través de la guía del Espíritu Santo, la lectura de su Palabra y la oración. Dios es el líder confiable que necesitamos.


Como un reconocimiento de nuestra dependencia del Señor, podemos afirmar con el salmista: «El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará».


— DCE

Nuestro Pan Diario


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