• Alexis Sazo

Volverse a la luz



Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12)


Hammerfest, la ciudad ubicada más al norte de Europa; en verano tiene una «jornada» de 70 días de sol. Durante más de dos meses el sol no se pone. Pero seis meses más tarde sucede lo contrario, es decir, durante 70 días no sale el sol, esto es, más de dos meses de noche ininterrumpida. Este fenómeno se debe al eje de la tierra, el cual está inclinado un poco más de 23 grados. Cuando está orientado hacia el sol, tenemos luz durante mucho tiempo. Pero si está orientado de forma opuesta, estamos en la oscuridad mucho tiempo.


Algo similar sucede en el ámbito espiritual. Nuestras vidas pueden estar iluminadas con la luz de Cristo, pero si le damos la espalda y nos alejamos de Él, permanecemos en la oscuridad. Y para poder recibir la luz de Dios, debemos mantenernos orientados hacia Cristo. Bien nos dice su Palabra:


Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. (1 Tesalonicenses 5:5–6)


Este es el movimiento de la fe. En vez de huir del Señor Jesús, de encerrarnos cuando oímos hablar de Él, la fe nos conduce a buscarlo. Por lo tanto, con esta actitud, por ejemplo, leer la Biblia y orar se vuelven fuente de luz para nuestras vidas. Entonces, con la guía de Dios y a la luz de las Escrituras, nuestras vidas se iluminan lo suficiente como para ver lo que no está bien, discerniendo así cosas o aspectos de mi vida que no veía hasta ahora. Bien dicen las escrituras:


Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. (Juan 3:20–21)


Ahora ¿qué nos impide ir a la luz de Cristo? El mal y el pecado que mora en nosotros. Porque el obstáculo más grande de la fe en Cristo no es intelectual, sino moral. Este obstáculo aparece porque la luz de Cristo revela mi estado moral: estoy lejos de Dios e incluso opuesto a Él. Sin embargo, esta luz no me condena, ella condena mi pecado y me muestra la gracia de Dios, así como la vida. Tal como dijo el Señor Jesús: «el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».


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