• Alexis Sazo

Una vida no tiene precio



Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. (1 Pedro 1:18–19)


Esta es una verdad que lleva a hombres valientes a lanzarse a rescatar a alguna persona que está atrapada, por ejemplo, en un incendio. Si alguien está sepultado por un alud o perdido en altamar, estas personas no vacilan en arriesgar sus propias vidas para salvarlos. Lo mismo se puede decir de los equipos de salud al momento de querer salvar la vida de un enfermo, la cual corre riesgo.


A pesar de la tendencia actual de medir o determinar el valor de todo, la vida humana aún escapa a cualquier evaluación, ya que es invaluable. Así como para nosotros la vida de un ser humano no tiene precio, para Dios lo es igualmente. En efecto, para salvar a los seres humanos perdidos, Él dio lo más precioso que tenía: Su Hijo unigénito, Jesús. Bien dicen las Escrituras:


Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)


A través de su muerte en la cruz del Calvario, el Señor Jesús salva de la muerte eterna a todo aquel que crea en Él. E hizo esto porque para Dios nuestra salvación no tiene precio. Con el fin de salvarnos dejó el cielo, bajó a la tierra y sacrificó su propia vida. No dio alguna cosa, sino que «se dio a sí mismo en rescate por todos» (1 Timoteo 2:6).


Lo cierto es que nadie podía pagar el precio por la salvación de nuestras almas, y a decir verdad, ningún ser humano aún puede; pero Dios la ofrece a todo aquel que recibe el regalo de la Salvación del alma que Jesucristo nos ofrece gratuitamente. Bien dicen las Escrituras:


Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. (Efesios 5:2)


No demores más, ven a Cristo, pues tu vida no tiene precio, salvo la vida de Dios mismo.


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