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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Una locura basta...



¿A mí no me temeréis? Dice Jehová. ¿No os amedrentaréis ante mí, que puse arena por término al mar, por ordenación eterna, la cual no quebrantará? Se levantarán tempestades, mas no prevalecerán; bramarán sus ondas, mas no lo pasarán. (Jeremías 5:22)


¿Por qué se iba a escapar un preso el día antes de que terminara su sentencia? Eso era lo que el portavoz de una prisión de Rhode Island, Estados Unidos, se preguntaba mientras contestaba las preguntas de los reporteros. Aquel hombre dijo: —En verdad, no sé qué mosca le picó para irse cuando solo le faltaba un día para cumplir su pena. Una vez lo capturaran, al fugitivo le formularían cargos que lo enviarían de nuevo a prisión por un máximo de 20 años.


La mayoría de nosotros probablemente se pregunte por qué este prisionero tuvo la vista tan corta. Pero puede que nosotros no seamos tan conscientes de nuestra propia vista corta cuando se trata del pecado. Tal vez no veamos la locura que es ir en pos de unos cuantos momentos de placer egoísta a cambio de un largo pesar. Esto es lo que el autor de Eclesiastés quiso decir:


Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable. (Eclesiastés 10:1)


En el libro del profeta Jeremías, Dios nos señaló la locura de tales acciones. En el capítulo 5 de esta profecía, se nos dice que debemos respetar el poder de Dios (V.22), y que el placer a corto plazo nos produce pérdidas a largo plazo (VV.28–29). El pecado prospera gracias al autoengaño y no mira los resultados futuros (V.31). De ahí el mandamiento de Dios para los creyentes, cuando nos dice:


Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal. (Proverbios 4:26–27)


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