• Alexis Sazo

Una colina difícil



El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. (Isaías 40:29–31)


Unos investigadores de la universidad de Virginia en Estados Unidos, descubrieron que la mayoría de la gente percibe que una colina es más inclinada de lo que realmente es, sobre todo si está cansada o lleva una pesada carga. Cuando se les pidió en el estudio que estimaran la inclinación de la una colina, los participantes siempre la juzgaban mal, pensando que una pendiente, por ejemplo, de 10 grados era de 30, o calculaban que una de 5 grados tenía al menos 20. Y casi ninguno de los participantes podía creer que se hubiera equivocado tanto.


Algo similar nos pasa cuando tenemos una carga y estamos agotados espiritualmente; incluso hasta un problema pequeño nos puede parecer demasiado grande para nosotros. Cuando nos vemos enfrentados a distintas pruebas, nos sentimos tentados a sentarnos al pie de esa difícil colina y quedarnos ahí, convencidos de que es demasiado inclinada para nosotros.


Es por eso que necesitamos la ayuda de Dios y el aliento que nos da a través de su Palabra, ya que en ella encontramos lo que Dios no se cansa, por ejemplo: «¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance» (Isaías 40:28).


Debido a que juzgamos mal las dificultades de la vida con tanta facilidad, necesitamos la guía y dirección divina, así como el valor para seguir cuando nos sentimos tentados a abandonarlo todo. Y como Dios es tan sabio y nos conoce mejor que nosotros mismos, nos dice:


Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. (Isaías 41:13)


Demos un paso de fe y aprendamos a depender y confiar plenamente en nuestro Todopoderoso Dios; porque en su fortaleza podemos conquistar cualquier colina, por más empinada que esta sea.


El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. (Salmos 91:1–2)


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