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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Un tesoro descubierto



El Señor Jesús dijo: Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. (Juan 5:39)


En noviembre de 2011 se iniciaron trabajos de remodelación en un edificio destinado a convertirse en un museo, la «Casa de las Luces» en Langres (Francia). En una viga carcomida, un obrero descubrió un hueco, y en su interior una bolsa de tela que contenía alrededor de dos mil piezas de oro y plata. ¡Un verdadero tesoro!


Hermanos, ¿dónde se encuentra la Biblia en nuestras casas? ¿Está llena de polvo? Quizás la tenemos olvidada en un estante. Lo que no podemos olvidar es que este libro nos ofrece un tesoro de incalculable valor; bien dice en Proverbios:


Si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. (Proverbios 2:2–6)


No obstante, en sus páginas encontramos un tesoro aun mayor: «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16). Este Hijo unigénito es Jesucristo, quien aceptó hacerse hombre para dar su vida en rescate por todos los que se arrepienten de sus pecados.


Toda la Biblia nos revela ese tesoro: la persona del Señor Jesús. Al leerla aprendemos a conocer el corazón de Dios, lleno de amor y compasión, al Dios de luz que ilumina nuestras vidas, lejos del pecado. Fortalece nuestra fe y nos sostiene en las situaciones más difíciles. Las múltiples promesas que el creyente encuentra en la Palabra de Dios son «millares de oro y plata» (Salmo 119:72) para la vida de la fe.


Las riquezas de este mundo, como esas monedas de oro y plata halladas en la viga, pueden desaparecer en cualquier momento. Sin embargo, las eternas riquezas de Dios durarán por siempre. No desperdiciemos el tiempo dejando de pasar tiempo en las Escrituras, y descubramos los tesoros invaluables que ellas poseen.


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