• Alexis Sazo

¿Un porvenir asegurado?



Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. (Jeremías 29.11 RVR60)


Un hombre estaba esperando en la fila del banco para ser atendido, y mientras lo hacía miró un anunció en una de las paredes del banco que decía: «Proteja su porvenir y sus bienes». Se trataba de preverlo todo para poder asegurar a los clientes una cómoda jubilación, ofrecerles mejores garantías de inversión y proteger eficazmente sus bienes.


Lo cierto es que eso está bien, no tiene nada de malo querer proteger a los que uno ama, buscando las soluciones más apropiadas. Pero ¿será prudente confiar en lo material? Es decir, que confiemos en que tenemos un seguro de vida, para la casa, un seguro de salud, etc. Dice la Palabra de Dios:


Las riquezas desaparecen en un abrir y cerrar de ojos, porque les saldrán alas y se irán volando como las águilas. (Proverbios 23.5 NTV)


Al leer lo que dice este versículo de las escrituras, nos queda claro que los bienes materiales (riquezas) pueden desaparecer de un momento a otro y no podemos confiar en ellos «a ojos cerrados». Además, ¿qué pasa con las necesidades de tranquilidad, afecto y esperanza que todos sentimos en un momento u otro durante nuestras vidas? ¿En quién podemos confiar y que nunca nos va a fallar? La respuesta es Jesús. Él dijo:


Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (Mateo 11.28 RVR60)


¿Por qué podemos confiar plenamente en Jesús? Porque a diferencia de los seres humanos cambiantes, la sociedad que evoluciona o el dinero que en cualquier momento se puede acabar, Él no cambia, porque «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (Hebreos 13.8 RVR60).


Todos aquellos que hemos creído en Jesús como el Salvador de nuestras vidas podemos dar testimonio de que solo en Dios y en su Palabra hay verdadera seguridad para lo porvenir, y hay verdadero descanso para el alma agobiada por las circunstancias de esta vida. En esta vida, solo Dios nos da verdadera paz (Juan 14.27), únicamente en Él encontramos fuerzas cuando estamos cansados (Isaías 40.28–29), así como consuelo para aquellos momentos duros de la vida (2 Corintios 1.3); y lo más importante, solo Dios nos puede dar la seguridad de la salvación de nuestras almas eternas.


Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. (Juan 17.3 RVR60)


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