• Alexis Sazo

Un lugar tenebroso




 

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. (Jeremías 17:9-10)

 

En nuestra sociedad, donde la imagen está presente en todo, lo que quiero decir es que la apariencia que mostramos cuenta mucho. Podemos engañar a mucha gente cuidando las apariencias, pero Dios no, pues Él mira directamente al corazón y, por tanto, es imposible esconderle algo. Por ello nos muestra lo que hay en lo más profundo de nuestros corazones, para que vivamos en la realidad.

Muchas personas creen ser buenas o ser personas de buen corazón. Sin embargo, la Biblia nos dice claramente que tal cosa no existe: «Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre» (Marcos 7:21–23). El mal estado de nuestro corazón es la fuente de los males que padece toda la humanidad y no a la inversa, como plantea el ser humano.

Pero ¿somos conscientes de que esta es la descripción de nuestro propio corazón, y no la del corazón de un criminal? Esto quiere decir que existe el mismo potencial de hacer el mal en cada persona. Toda la fealdad de este lugar tenebroso conocido por Dios fue puesta en evidencia a través de la cruz de Jesucristo. Toda la maldad del corazón humano se manifestó cuando Aquel que traía la gracia y la verdad fue crucificado. Y allí en la cruz soportó, por todos los que creen en Él, el juicio que ellos merecían.

Dios espera que pongamos atención a lo que Él nos dice en su Palabra cuando nos revela nuestra verdadera naturaleza. Él no lo dice para simplemente acusarnos, sino que quiere que reconozcamos nuestro estado de desesperación y que aceptemos el único remedio que nos propone: la fe en Jesucristo, quien nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros. Por eso su Palabra dice:

Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón. (Salmos 69:32)


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