• Alexis Sazo

Un hombre que molesta



Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución. (2 Timoteo 3:12)


Un cristiano que vivía en Francia escribió:


Esta mañana iba de camino al metro en París, cuando una señora entró y se sentó a mi lado. De repente dijo en voz alta: «¡Déjelo tranquilo, no le hace daño a nadie, no es malo!» Sorprendido, observé qué ocurría: Un viajero hablaba con una voz bastante fuerte, y la persona que estaba detrás de mí quería llamar teléfono a un agente de seguridad.


¿Qué decía el viajero? Presté atención y escuché que hablaba de Dios, del juicio venidero, que será mucho más terrible que todas las guerras por las que los hombres han pasado. Y también hablaba del Cordero de Dios, crucificado en la cruz. Pero no oí todo. Entonces entendí qué pasaba, así que me giré hacia la señora sentada a mi lado y le dije en voz baja: «Lo que le molesta es que habla de Dios». En silencio oré al Señor por mi hermano en la fe, ya que pronto debía bajar del metro y dejar a esos viajeros incómodos o indiferentes. Ya cuando me bajé del metro seguí orando por aquel «hombre que molestaba» a todos los que oyeron su mensaje.


Aquella experiencia me hizo recordar lo que Dios dice en su Palabra: «La reconvención es molesta al que deja el camino; y el que aborrece la corrección morirá» (Proverbios 15:10). ¿Por qué a las personas les molesta oír de Dios? Su Palabra nos da la explicación: «Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas» (Juan 3:19–21). A muchos les molesta escuchar de Jesús, porque les hace sentir el peso de su pecado y tratan de acallar aquellas voces.


A usted que lee estas palabras le pregunto: ¿Forma parte de los que se sienten incómodos cuando se le habla de Dios o cuando alguien está hablando de Él? ¿Es quizás de las personas indiferentes, aquellos que ni siquiera prestan atención? Pero lo cierto es que me gustaría muchísimo que usted formara parte de aquellos que nos regocijamos oyendo y pensando en la persona del Señor Jesús. Él le ama y desea que usted venga a Él para darle perdón de pecados y salvación gratuita para su alma. No le siga rechazando, porque quizás mañana podría ser muy tarde.


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