• Alexis Sazo

Un encuentro inevitable



Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. (Romanos 14:11–12)


En la sala de una cafetería, unos hombres jugaban a las cartas y hablaban estrepitosamente. Repetidas veces se oía el nombre de Jesús, pero sobre todo para avivar las burlas. Esto me recuerda un versículo de las Escrituras: «Me zaherían en sus canciones los bebedores» (Salmos 69:12).


Uno puede tratar de alejar a Jesús de su vida mientras viva en la tierra, e incluso puede hasta burlarse de Él, porque le parece molesto e incómodo. Pero de todos modos, un día todos los seres humanos tendremos que encontrarnos con Él cara a cara. ¿Dónde y cuándo? Ahora, me refiero a mientras todavía estamos en la tierra, podemos tener un encuentro con el Salvador Jesús, quien nos ofrece la salvación gratuita de nuestras almas a todo aquel que cree en Él.


Sin embargo, si parte de este mundo sin haber recibido aquella salvación, ha de tener un encuentro con Dios en el día del juicio, pero ya no lo verá como el tierno salvador, sino que el juez justo e inexorable de toda la tierra, que no tendrá por inocente al culpable. Aquel encuentro es para todos aquellos que vivieron rechazándole y despreciado la salvación que nos ofrece. Y lo peor, es que en ese momento ya no habrá posibilidad alguna de apelación.


Sí, esta es una cita inevitable. ¡No habrá forma de escapar de ella! Aquel a quien no quisieron reconocer como el Salvador que pone a nuestra disposición su gracia y su perdón, en ese momento se hallará en la posición de un juez implacable. Los que lo hayan rechazado estarán obligados a postrarse a sus pies mientras reciben la sentencia y el castigo por sus pecados.


Por el contrario, los que en la tierra hayan recibido a Jesús como su Salvador, le contemplarán en su gloria. Verán en sus manos la marca de sus clavos, recuerdo eterno de su muerte expiatoria en la cruz del Calvario. También se postrarán a los pies de Él, pero para adorarle con gozo.


¿En cuál de los dos grupos desea estar? Será mejor que escoja bien, porque recuerde, este será un encuentro inevitable.


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