• Alexis Sazo

Un ejemplo de amor



 

Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?

(Mateo 26:6–8)

 

Para hacer resaltar el amor que la presencia de Jesús inspiraba en María de Betania, el Espíritu Santo coloca su gesto contrastándolo con el odio que sentían los religiosos en los últimos días días del Señor antes de su crucifixión en Jerusalén.


Jesús, habiendo dicho todo lo que tenía que decir (Mateo 26:1), recordó a sus discípulos la proximidad de la pascua y volvió a anunciarles que iba a ser entregado y crucificado (v. 2). Mientras la clase religiosa discutía el medio adecuado para hacer morir a quien tanto les molestaba (vv. 3–5). Aunque pronto Judas les facilitaría su siniestra confabulación (vv. 14–16).


Mientras tanto, en la aldea de Betania, a poca distancia de la ciudad que mata a los profetas, es decir, Jerusalén (Mateo 23:37), una mujer (María) se dio cuenta de lo que se avecinaba para su Señor, ella comprendió que ya era tiempo de manifestar su profundo afecto a su maestro, Jesús, derramando sobre su cabeza un perfume de gran precio, como si quisiera decirles a todos que en Él veía al Mesías anunciado, al verdadero rey de Israel (v. 7).


Por fin había alguien que le amaba desinteresadamente era capaz de captar el alcance de las palabras que el Señor les había anunciado a los suyos al anunciar cómo padecería en Jerusalén (Mateo 16:21) y pondría su vida en rescate por sus criaturas caídas.


Los discípulos permanecieron muy lejos de esa esfera de amor y, bajo el pretexto de la caridad, se preocupaban más bien por el valor del dinero «desperdiciado», lo que provocó la reprensión del Señor (v. 10). Pero si conocemos este acto de amor genuino es porque recibió una hermosa promesa del Señor, quien dijo:


De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella. (Marcos 14:9)


Así que hermanos, aprendamos del ejemplo de esta mujer y «derramemos» sobre nuestro Señor todo aquello que sea de gran precio en nuestras vidas; jamás consideremos que es un desperdicio derramar libaciones a nuestro Señor ni tampoco nos sintamos mal si alguien critica nuestras manifestaciones de amor hacia Dios.


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