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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Un Dios de cerca



¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos? ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra? (Jeremías 23:23–24)


El hombre es muy pequeño con relación a la tierra y esta no es más que un granito de arena en el vasto universo; sin embargo, el gran Dios de los cielos, Creador, Salvador, quiere ser un Dios próximo a cada uno de nosotros. En el mismo libro del profeta Jeremías, dice: «Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón» (Jeremías 24:7).


En la Escritura, hallamos un largo libro de cuarenta y dos capítulos —el de Job—, el cual nos muestra el interés que Dios tiene por una sola persona. Job, que fue probado en cuanto a sus bienes, su familia y su salud, comprendió que Dios está detrás de todo y concluye lo siguiente: «He aquí que él pasará, y no lo entenderé» (Job 9:11). Esta proximidad incomprendida llega a ser un objeto de turbación que le hace decir: «¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada, y no me soltarás?» (Job 7:19). Pero mediante la prueba, Job descubre que Dios se interesa de forma personal por él, a pesar de su insignificancia, y que más encima es objeto de sus compasiones. Comprende la lección, entonces Dios deja de ser para él alguien lejano e impersonal, sino que pudo decir: «De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven» (Job 42:5).


Dios quiere ser para los suyos un Dios cercano, porque nos ama. Si Él nos conduce por circunstancias en que nos sentimos solos, entonces, podemos tener la misma experiencia que el apóstol Pablo y decir como él: «Todos me desampararon… pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas» (2 Timoteo 4:16-17).


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