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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Un día único



Fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. (Lucas 24:46-47)


El capítulo 20 del evangelio de Juan abre una nueva era: ¡Cristo resucitó! El día llamado «el día siguiente del día de reposo» pasó a llamarse «el primer día de la semana». El Señor Jesús no sería más el que caminaba hacia la cruz, sino el que venció a la muerte, el Hijo del Hombre resucitado.


Ese mismo día, cerca de su tumba, halló a una mujer llorando. Él la llamó por su nombre, la consoló y le confió un mensaje conmovedor, lleno de esperanza, pues le dijo: «Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios» (Juan 20:11-17).


Llenos de tristeza, dos discípulos partieron de Jerusalén y se dirigieron a un pueblo llamado Emaús. Jesús se acercó a ellos y les habló de su muerte y de su gloria (Lucas 24:25-27). Más tarde dijeron: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?» (v. 32).


La noche de ese mismo día, los discípulos se reunieron en un lugar y cerraron las puertas por temor. «Vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor» (Juan 20:19-20). El Señor Jesús les trajo la paz, paz que hizo «mediante la sangre de su cruz» (Colosenses 1:20), y que va acompañada de un gozo incomparable.

Y en ese mismo día Pedro también tuvo un encuentro con el Señor (Lucas 24:34), aunque la conversación que el Maestro tuvo con su discípulo que lo había negado quedó en secreto. Lo que no es un secreto es que un día como hoy, el primero de la semana: ¡Jesús resucitó y vive por la eternidad para interceder por nosotros! (Hebreos 7:25)


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