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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Un cántico en el hospital




Me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. Verán su rostro… No habrá allí más noche… Dios el Señor los iluminará. (Apocalipsis 22:1, 4, 5)


Hace mucho tiempo, una cristiana visitaba un hospital militar inglés en el Cairo (Egipto). Entre los heridos, un joven escocés que había perdido una pierna gemía llamando a su madre. La visitante se inclinó hacia él y pasó un paño mojado por su frente ardiente. El joven abrió los ojos y le dijo:

—Gracias, señora, usted me recuerda a mi madre.

—¿Desea que le escriba?

—El médico lo hará por mí, pero… más bien cánteme un himno.


Ella dudó, en medio de la gran sala. Pero, viendo el sol ocultarse sobre el Nilo, comenzó a cantar un himno conocido:


Cerca del río a las puras ondas

Que salen del trono de Dios,

De felicidad, fuente profunda,

¿Estaremos en ese lugar?

Y todos diremos su gracia

En un cántico eternal,

Cerca del río puro que pasa

En la ciudad de oro celestial.


Poco a poco las cabezas se voltearon hacia ella y las voces se unieron a su canto. Al final muchos cantaron con emoción:


Sí, para siempre cerca del río

Que sale del trono de Dios,

Donde de felicidad nos abrevamos;

Todos estaremos en ese lugar.


El joven escocés agradeció a su visitante y le dijo:

—Sí, estaré allá, porque mi fe se funda sobre lo que mi Salvador sufrió por mí en la cruz.


Fuente: La Buena Semilla


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